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Vida de Santo

5 oraciones después de comulgar

Después de comulgar, cierra tus ojos, ten un momento de plática íntima con él y, finalmente, puedes orar alguna de estas oraciones.

Índice

    Actos de fe, esperanza, caridad y adoración

    Creo, Señor, fortalece mi fe. 
    Espero, Señor, asegura mi esperanza. 
    Te amo, Señor, aumenta mi amor.
    
    Creo, Señor, firmemente, todo lo que cree y confiesa 
    nuestra Santa Madre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
     Lo creo porque Tú mismo, Verdad infalible, 
    que no puede engañarse ni quiere engañarnos, 
    se lo ha revelado. Y en esta fe quiero vivir y morir.
    
    Espero en Ti, Dios mío, porque eres poderoso y misericordioso. 
    Y por los méritos de tu Vida, Pasión y Muerte confío que 
    me perdonarás mis pecados y me darás las gracias que necesito para salvarme.
    
    Te amo, Dios mío, porque eres bueno sobre todas las cosas, 
    y has sido muy bueno conmigo siempre, sin yo merecerlo. 
    Me pesa haberte ofendido y quiero que me ayudes a no volver a pecar.
    
    Señor, yo te adoro en este Sacramento, y te reconozco 
    por mi Creador, Redentor y mi Dueño. 
    Confieso que no soy digno de que vengas a mí, 
    y te ruego que me des las gracias que más necesite, 
    no me abandones en el resto de mi vida y estés, 
    sobre todo, a mi lado en la hora de la muerte. Amén.

    Oración de San Ignacio de Loyola

    Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer, tú me lo diste, a ti, Señor, de lo devuelvo. Todo es tuyo: dispón de ello según tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que esto me basta.
    
    Alma de Cristo, *santifícame. 
    Cuerpo de Cristo, *sálvame. 
    Sangre de Cristo, *embriágame. 
    Agua del Costado de Cristo, *lávame. 
    Pasión de Cristo, *confórtame. 
    ¡Oh buen Jesús!, *óyeme. 
    Dentro de tus llagas, *escóndeme. 
    No permitas *que me aparte de Ti. 
    Del maligno enemigo, *defiéndeme. 
    En la hora de mi muerte, *llámame. 
    Y mándame, *ir a Ti, 
    para que con tus santos, *te alabe por los siglos de los siglos. 
    *Amén.

    Oración de comunión espiritual

    Señor, yo creo firmemente 
    que estás presente aquí,
    en el Santísimo Sacramento del Altar.
    te adoro con todo mi corazón,
    y te amo sobre todas las cosas.
    Deseo recibirte,
    pero como no puedo hacerlo ahora
    sacramentalmente,
    te ruego,
    vengas a mí espiritualmente.
    No permitas 
    que me separe de ti.
    Amén.

    Consagración al Sagrado Corazón de Jesús

    ¡Corazón Sacratísimo de Jesús! 
    Yo te ofrezco por medio del Corazón Inmaculado de María
    y de toda la corte celestial, 
    y en unión de todos los méritos 
    de tu Vida, Pasión y Muerte, 
    todos mis pensamientos, palabras y obras; 
    
    mis penas y sufrimientos, 
    mi cuerpo y mi alma. 
    Te lo ofrezco para darte, 
    según mis fuerzas, 
    el honor que Tú mereces, 
    en agradecimiento del amor que me tienes,
    de todos los beneficios que me has concedido 
    y me piensas conceder,
    para repararte de las blasfemias 
    y de tantas ofensas como recibes;
    
    por el pronto advenimiento de tu reinado,
    y en sufragio de las benditas ánimas del purgatorio.
    Para mí, finalmente,
    no te pido otra recompensa
    que el servirte con fidelidad,
    y el cumplimiento en mí
    de las promesas a los consagrados
    a tu Sagrado Corazón.
    
    Perdóname los pecados que haya cometido,
    ayúdame en adelante
    a tener una vida de buen cristiano,
    y alcánzame en la hora de la muerte
    la gracia de la perseverancia final.
     -Amén.

    Consagración al Inmaculado Corazón de María

    ¡Corazón Inmaculado de María,
    Madre de Dios y Señora Nuestra!
    Yo te ofrezco todos mis pensamientos, palabras y obras,
    mis sufrimientos, necesidades y molestias todas,
    mis bienes interiores y exteriores,
    todos mis trabajos presentes y futuros,
    y todos los instantes de mi vida,
    mi alma, mi corazón y mi cuerpo;
    
    todo mi ser, a Ti te lo ofrezco, Madre mía,
    para que Tú los presentes ante el trono de Dios,
    en unión de tus grandes e innumerables méritos
    y los de Jesucristo Nuestro Señor. 
    
    Que estas pobres obras mías
    sirvan para agradecer los muchos beneficios
    que de Dios he recibido, para reparar mis pecados
    y los de todos los hombres y, finalmente,
    para conseguir la perseverancia de la gracia
    y después la vida eterna. Amén