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Vida de Santo

Santo Rosario meditado por el Papa San Juan XXIII

El Santo Rosario meditado por el Papa Juan XXIII, quien fue infundido por el Espíritu Santo para iniciar el Concilio Vaticano II que trajo una revolución necesaria a la Iglesia entera, fue quien escribió cada una de las meditaciones que aquí te presento.

Recuerda que este trabajo carece de meditación de los misterios luminosos, pues fue San Juan Pablo II hasta el 2002 cuando los agregó, 40 años después de la muerte de San Juan XXIII.

Santo Rosario meditado por San Juan XXIII
Índice

    Santo Rosario meditado por el Papa San Juan XXIII

    Lector: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Todos: Amén

    Oración de invocación al Espíritu Santo:

    Lector: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles.
    Todos: Y enciende en ellos el fuego de tu amor.

    Lector: Envía, Señor, tu Espíritu 
    Todos: Y se renovará la faz de la tierra.

    Oremos:

    ¡Oh Dios, que has instruido
    los corazones de tus fieles
    con la luz del Espíritu Santo!,
    concédenos que sintamos rectamente
    con el mismo Espíritu
    y gocemos siempre de su divino consuelo.
    Por Jesucristo Nuestro Señor.
    Amén.

    Lector: Ave María purísima
    Todos: Sin pecado concebida

    Acto de contrición. Todos:

    Señor mío Jesucristo,
    Dios y Hombre verdadero,
    me pesa de todo corazón haber pecado,
    porque he merecido el infierno y he perdido el cielo,
    sobre todo porque te ofendí a Ti,
    que eres bondad infinita,
    a quien amo sobre todas las cosas.
    Propongo firmemente,
    con tu gracia, enmendarme y evitar las ocasiones próximas de pecado,
    confesarme y cumplir la penitencia.
    Confío en que me perdonarás por tu infinita misericordia.
    Amén.

    Lector: Abre, Señor, mis labios.
    Asamblea: Y mi boca proclamará tu palabra.

    Lector: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. 
    Todos: Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén.

    Misterios Gozosos meditados por San Juan XXIII (Lunes y Sábados)

    Hoy Lunes/Sábado vamos a recordar los misteriosos Gozosos de nuestro Señor Jesucristo. Recordemos poner en manos de nuestra Madre cada una de nuestras peticiones.

    Primer Misterio Gozoso: La Encarnación del Hijo de Dios

    Del Evangelio según san Lucas:
    (Lc 1,26-27).

    «Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José,  de la estirpe de David; el nombre de la virgen era María».


    Palabra del Señor.
    Gloria a ti, Señor Jesús.

    Meditación del primer misterio gozoso de San Juan XXIII La encarnación del Hijo de Dios

    María Santísima es la más grande de las criaturas, porque fue elegida por Dios para ser la Madre de Jesús.
    
    La divina maternidad de María es grande porque aceptó con plena libertad esta enorme responsabilidad.
    En efecto, en los planes de Dios no existe grandeza sin compromiso y responsabilidad.
    
    Ojalá que cada uno de nosotros trate de imitar a María, logrando esta misma actitud de servicio y completa aceptación de la voluntad de Dios.
    Que nadie diga: "Esto es un compromiso muy grande. No puedo aceptarlo". En realidad, no hay salvación sin compromiso.
    
    Si queremos hacer algo por la gloria de Dios y la salvación de nuestros hermanos, tenemos que estar dispuestos a aceptar cada día los planes de Dios según se nos vayan presentando, sin miedos y temores injustificados.
    En realidad, nada es imposible para el que confía en el poder de Dios.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Segundo Misterio Gozoso: La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel

    Del Evangelio según San Lucas:
    (Lc 1, 39-42)
    «En aquellos días María se puso en camino y fue aprisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.  Y sucedió que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando a voz en grito, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno»» .


    Palabra del Señor.
    Gloria a tí Señor Jesús.

    Meditación del segundo misterio gozoso de San Juan XXIII La visita de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel

    ¡Qué suavidad y qué gracia en aquella visita de tres meses de María a su querida prima! La una y la otra depositarias de una maternidad inminente; para la Virgen, la más sagrada maternidad que puede imaginarse sobre la tierra. ¡
    
    Qué dulzura de armonía en aquellos dos cantos que se entrelazan!: “Bendita tú eres entre las mujeres” ( Lc 1, 42) de una parte; y de otra: “El Señor ha mirado la humildad de su esclava, todas la generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1, 48).
    
    Esta visión de Ain Karim sobre la colina del Hebrón, ilumina con luz celestial y humanísima, a la vez, las relaciones de las familias buenas, educadas en la escuela antigua del Rosario rezado todas las tardes en casa, en la intimidad; y en todos los puntos de la tierra donde alguno es llamado por alta inspiración sacerdotal, de caridad misionera, de apostolado o también por motivos legítimos de diversa naturaleza: trabajo, comercio, servicio militar, estudio, enseñanza o cualquier otra razón.
    
    ¡Qué hermoso reunirse durante las diez Avemarías de este misterio donde tantas almas unidas por razón de sangre, por vínculos domésticos, por todo aquello que santifica y estrecha los sentimientos de amor entre las personas más queridas, padres e hijos, hermanos y parientes, con vecinos o pertenecientes a un mismo pueblo, en acto de reflejar, de iluminar, un sentimiento de caridad universal, cuyo ejercicio es alegría y honor de la vida!

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Tercer Misterio Gozoso: El Nacimiento del Hijo de Dios en el portal de Belén

    Del Evangelio según San Lucas:
    (Lc 2,1-7)

    «Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. 

    Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento».

    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del Tercer Misterio Gozoso de Juan XXIII El Nacimiento del Hijo de Dios

    En el momento justo, según las leyes de la naturaleza humana asunta, el verbo de Dios hecho hombre sale del tabernáculo santo que es el seno inmaculado de María. Su primera aparición en el mundo es un pesebre donde las bestias se alimentan del heno; todo en derredor es silencio, pobreza sencillez, inocencia.
    
    Se oyen voces de ángeles que anuncian en el cielo la paz que el recién nacido trae al universo. Los primeros Adoradores son María y José, el padre putativo; después, los humildes pastores, invitados por las voces angélicas, descienden de la colina. Más tarde llegará una caravana de gente ilustre precedida, desde lejos, por una estrella y ofrecerán dones preciosos, llenos de significado.
    Pero entre tanto adquiere aquella noche de Belén lenguaje de universalidad.
    
    Sobre este tercer misterio hay quien gusta contemplar los ojitos sonrientes del Divino Infante en actitud de mirar a todos los pueblos de la tierra que pasan, uno después de otro, como en fila, ante Él y a los que Él identifica: hebreos, romanos, griegos, chinos, pueblos de África y de todas las regiones del universo y de todas las épocas de la historia, pasadas, presentes y futuras.
    
    A otros, en cambio, durante las diez Avemarías de este misterio del nacimiento de Jesús, les gusta encomendar a Él el número incontable de los niños de todas las razas humanas que durante las últimas veinticuatro horas del día y de la noche precedente han nacido. Todos estos niños, bautizados o no, pertenecen a Jesús de Belén y la continuación de su dominio de luz y de paz.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Cuarto Misterio Gozoso: La presentación de Jesús en el Templo

    Del Evangelio según San Lucas:
      (Lc 2, 21-24)

    «Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor».


    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del cuarto Misterio Gozoso de San Juan XXIII la presentación de Jesús en el Templo

    La vida de Jesús, todavía en los brazos maternos, se abre al contacto de los dos Testamentos, Luz y revelación de las gentes, esplendor del pueblo elegido. San José debe estar presente y participar también en el rito de las ofrendas legalmente prescritas.
    
    Aquel episodio se perpetúa en la iglesia; y en el acto de repetir el Avemaría, es grato observar las hermosísimas esperanzas del continuo re-florecimiento de las promesas del sacerdocio y de los cooperadores y de las cooperadoras en gran número del Reino De Dios: jóvenes alumnos de los seminarios, de las casas religiosas, de los estudiantes misioneros, incluso de la universidades católicas y de otras formas de un futuro apostolado seglar cuya expansión, a pesar de las dificultades y de las oposiciones de la hora presente e incluso en diversas naciones muy atribuladas por la persecución, no cesan de ser espectáculo consolador hasta el punto de arrancar palabras de admiración y de alegría.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Quinto Misterio Gozoso: El Niño Jesús perdido y hallado en el Templo

    Del Evangelio según San Lucas:
    (Lc 2, 41-47)

    «Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tenía doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres…

    Y sucedió que al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándolos y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas».


    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del Quinto misterio Gozoso del Papa San Juan XXIII El Niño Jesús perdido y hallado en el templo

    Jesús tiene ya doce años. María y José le acompañaban a Jerusalén para la oración habitual de aquella edad. De improviso desapareció de sus ojos, aunque vigilantes y amorosos. Con gran preocupación en aquella búsqueda que dura tres días, se le encuentra entre los demás asistentes en el Templo. Estaba rezando con los doctores de la Ley
    
    ¡Qué palabras tan significativas las de San Lucas que nos lo describe con precisión! Lo encuentran sentado en medio de los doctores, en actitud de escucharlos y de preguntarles. Aquel encuentro de los doctores era entonces: conocimiento, sabiduría, luz, práctica en la contemplación del Antiguo Testamento.
    
    Tal es en todo tiempo la misión de la inteligencia humana: recoger las voces de los siglos, transmitirnos la buena doctrina, dilatar con humildad la mirada de la investigación científica sobre el futuro. Cristo se encuentra siempre allí en medio, en su puesto: “Yo soy el maestro de ustedes” (Jn 13,13).
    
    Es la quinta decena de los Misterios Gozosos, es una invocación especial en provecho de cuantos son llamados al servicio de la verdad y de la caridad, en la investigación, en la enseñanza, en la difusión de las nuevas técnicas audiovisuales que mueven a amar a Jesús: científicos, profesores, maestros, periodistas; especialmente estos, por la tarea característica de comunicar y honrar la buena doctrina en su pureza, sin fantásticas deformaciones.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.


    Misterios Dolorosos meditados por San Juan XXIII (Martes y Viernes)

    Los días martes y viernes vamos a meditar los misterios dolorosos de nuestro Señor Jesucristo. Recuerda poner en manos de Dios tus intenciones.

    Primer Misterio Doloroso: La oración en el Huerto

    Del Evangelio Según san Mateo:
    (Mt 26, 36-39).

    «Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras voy a orar». Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú»» 


    Palabra del Señor.

    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del primer misterio doloroso por San Juan XXIII la oración en el Huerto

    La mente conmovida llega a contemplar la imagen del Salvador en la hora del supremo abandono; “y tuvo un sudor, como de gotas de sangre que caía a tierra” (Lc 22, 44). Esto expresa la íntima pena del alma, la amargura extrema de la soledad, el quebrantamiento del cuerpo decaído. La agonía viene provocada por la inminencia de aquello que Jesús ve bien claro; la Pasión que le espera.
    
    La escena de Getsemaní sirve de estímulo al esfuerzo de la voluntad para aceptar el sufrimiento: “Que no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lc 22, 42). Palabras que enseñan como se sufre, y precisan cómo se obtienen los mayores méritos. Pero también son consuelo interior y verdadero para todas las almas que sufren los dolores más agudos y misteriosos. Es esta luz, ¡Qué colores de confianza y de ternura adquiere la invocación a María que ha experimentado este íntimo dolor en unión con su Hijo!
    
    La intención de la plegaria se eleva a una devota referencia sobre el Papa, visto en sus universales responsabilidades, objeto de viva preocupación para su propio corazón que, sin embargo, confía en la continua asistencia prometida por Cristo a su Vicario, e invoca a la vez fuerza y consuelo para los que sufren con Él, para los atribulados, para los afligidos.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Segundo Misterio Doloroso: La flagelación de Jesús atado a la columna

    Del Evangelio según san Mateo:
    (Mt 27, 26)
    «Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado».
    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del segundo misterio Doloroso por San Juan XXIII la flagelación de Jesús

    Este misterio ofrece el recuerdo del despiadado suplicio de los latigazos sobre los miembros inmaculados e inocentes de Jesús.
    El compuesto humano está hecho de alma y cuerpo; el cuerpo sufre las tentaciones más humillantes y la voluntad débil puede dejarse arrastrar. Así, pues hay en este misterio una invitación a la penitencia saludable que debe envolver y proteger la verdadera salud del hombre, en su totalidad, como ser corporal y espiritual.
    
    De ello se deriva una gran enseñanza para todos. Nosotros no estamos llamados al martirio cruento, sino a la disciplina constante, cotidiana de las pasiones. Por este camino llegamos a asemejarnos cada vez más perfectamente con Jesucristo y la participación de sus méritos.
    
    La Madre Dolorosa le vio así flagelado: cuántas madres quisieran gozar de ver el perfeccionamiento moral de sus hijos a través de la disciplina de la educación, de la instrucción, de una vida sana, sin embargo, tienen a veces que llorar viendo insatisfechas tantas esperanzas, tantas fatigas.
    
    La intención será pues, impetrar del Señor el don de la pureza de costumbres en las familias y en la sociedad, pero especialmente en las almas jóvenes más expuestas a las seducciones de los sentidos; y pedir a la vez, el don de la fortaleza de carácter, de la fidelidad a los propósitos hechos y a las enseñanzas recibidas.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Tercer Misterio Doloroso: La coronación de espinas

    Del Evangelio según san Mateo:
    (Mt 27, 27-29)

    «Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Lo desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre la cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «Salve, Rey de los judío»».
    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del tercer misterio Doloroso por San Juan XXIII La coronación de espinas

    Es el misterio cuya contemplación se ajusta mejor a aquellos que llevan el peso de graves responsabilidades en el cuidado de las almas y en la dirección del cuerpo social; por tanto, el misterio de los Papas, de los Obispos, de los párrocos; el misterio de los gobernantes, de los legisladores, de los magistrados. También sobre su cabeza hay una corona en la cual está, sí, una aureola de dignidad y de distinción, distensión pero esa impulsa, Procura Espinas y disgustos. dónde está la autoridad no puede faltar la cruz, la del desprecio, la de la indiferencia y la de la soledad.

    Otra aplicación nos hace pensar en las graves responsabilidades de quién ha recibido mayores talentos y está obligado a hacerlos fructificar mediante el ejército continuo de sus facultades de su inteligencia. El servicio del pensamiento, es decir, el empeño que se exige a quien de ellos está más dotado para la luz y guía de los otros, debe ser llevado con paciencia, rechazando las tentaciones del orgullo, del egoísmo, de la disgregación que demuele.

    Oración, por tanto, intensa por los príncipes del pueblo que pertenecen al orden religioso y civil; y también por quienes tienen responsabilidades de la pluma, del pensamiento, de la creación artística.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Cuarto Misterio Doloroso: Jesús con la Cruz a cuestas camino del Calvario

    Del Evangelio según San Marcos:
    (Mc 15, 21-22)

    «Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, que volvía del campo, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara su cruz. Lo condujeron al lugar del Gólgota, que quiere decir de la «Calavera»».


    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del Cuarto misterio Doloroso de San Juan XXIII Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario

    La vida humana es un peregrinar continuo, largo y pesado. Arriba, arriba, por la colina escarpada, por el camino a todos señalado. En este misterio, Cristo representa al género humano. ¡Ay! Si no hubiese una cruz para cada uno. El hombre se vería tentado de egoísmo, de hedonismo, de insensibilidad y sucumbiría.
    
    El fruto que proviene de la contemplación de Jesús que sube al Calvario es el de acoger y besar la cruz, llevándola con generosidad y alegría, según las palabras de la Imitación de Cristo: «En la cruz está la salvación, en la cruz está la vida, en la cruz está la protección contra los enemigos, la efusión de una celestial suavidad» (Lib. 2, cap. 12,2).
    
    Extiende también la oración a María Dolorosa que siguió a Jesús con espíritu de participación en sus méritos y en sus dolores.
    
    La intención abre los ojos ante la inmensa visión de los atribulados huérfanos, ancianos, enfermos, misioneros, débiles y exiliados, y pide para todos la fuerza y el consuelo que sólo da la esperanza: «Yo te saludo, oh Cruz, única esperanza», como nos dice la Liturgia.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Quinto Misterio Doloroso: La crucifixión y muerte de Jesús

    Del Evangelio según San Lucas:
    (Lc  23, 33-46)

    «Llegados al lugar llamado «La Calavera», le crucificaron allí a él y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen»… Era ya eso de mediodía cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la media tarde. El velo del Santuario se rasgó por medio y Jesús, dando un fuerte grito dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y, dicho esto, expiró».

    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del quinto misterio de San Juan XXIII doloroso la crucifixión y muerte de Jesús

    Vida y muerte representan los dos puntos preciosos y orientadores del sacrificio de Cristo: desde la sonrisa de Belén que quiere abrirse a todos los hijos de los hombres en su primera aparición en la tierra, hasta el suspiro final que recoge todos los dolores para santificarnos, todos los pecados para borrarlos. Y María está junto a la cruz, como estaba junto al Niño de Belén.
    
    Recemos a esta piadosa Madre a fin de que Ella misma ruegue por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.
    
    Aquí está iluminado también el gran misterio de los pecadores obstinados, de los incrédulos, de aquellos que no recibieron ni recibirán la luz del Evangelio, que no sabrán darse cuenta de la sangre vertida por ellos también, por el Hijo de Dios. Y la oración se dilata en una ansia de justa reparación, en un horizonte de amplitud misionera porque la Sangre Preciosísima, derramada por todos los hombres proporcione a todos la salvación y la conversión: la Sangre de Cristo, prenda de vida eterna.

    Misterios Gloriosos meditados por San Juan XXIII (Miércoles y Domingos)

    Los días miércoles y domingos vamos a meditar los misterios gloriosos de nuestro Señor Jesucristo. Recuerda poner tus intenciones después de presentar cada misterio.

    Primer Misterio Glorioso: La Resurrección del Hijo de Dios

    Del Evangelio según San Lucas:
    (Lc 24, 1-6).  

    «El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Pero encontraron que la piedra había sido retirada del sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. No sabían qué pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Ellas, despavoridas, miraban al suelo, y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado»» 

    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del Rosario de San Juan XXIII del primer misterio glorioso la resurrección del Hijo de Dios

    Es el misterio de la muerte dominada y vencida; desde la muerte a los esplendores de la victoria y de la gloria. Nos enseña el más grande triunfo de Cristo; y a la vez contiene la seguridad del triunfo de la Santa Iglesia Católica más allá de las adversidades y de las persecuciones de la historia del pasado y las del futuro: Cristo vence, reina, impera. Es conveniente recordar que la primera aparición de Cristo resucitado fue para las piadosas mujeres que estuvieron muy cerca de Él en su vida y sus sufrimientos hasta el Calvario.
    
    En estos esplendores, la mirada de la fe contempla, unidas a Jesús Resucitado, a las almas más queridas, aquellas con quien hemos gozado de familiaridad y compartido las penas. ¡Cómo se aviva a la luz de la Resurrección de Jesús, el recuerdo de nuestros muertos! Estos son recordados y bendecidos en el sacrificio del Señor Resucitado.
    
    Por algo, la liturgia oriental concluye el rito fúnebre con el aleluya para todos los muertos. Para ellos invocamos la luz de los eternos tabernáculos, mientras que el pensamiento vuela, también a la resurrección que espera a nuestros mortales despojos: «Y espero la resurrección de los muertos», como rezamos en el Credo. Esperar y confiar en la suavísima promesa de que la resurrección de Jesús es prenda segura.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Segundo Misterio Glorioso: La Ascensión del Señor al cielo

    Del Evangelio según San Marcos:
    (Mc 16, 19)

    «El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios». 

    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del Rosario de San Juan XXIII del segundo misterio glorioso la ascensión del Señor al cielo

    En este cuadro contemplamos la consumación de las promesas de Jesús. Es su respuesta a nuestro anhelo del cielo; y el retorno definitivo al padre, de quien procede y vino al mundo, es seguridad para todos nosotros a quienes ha prometido un puesto allá arriba: «Voy a prepararles un lugar» (Jn 14,2).
    
    Este misterio se ofrece ante todo como una luz y advertencia para las almas de acuerdo con la vocación de cada uno. Está bosquejado el movimiento espiritual que lleva a la santificación, el anhelo de continuas ascensiones que preparan el alma a la medida de la edad plena de Cristo (Ef 4,13); en tal esfuerzo de perfección están comprendidos los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, misioneros y misioneras, seglares distinguidísimos, almas que quieren ser buen perfume de Cristo (2 Cor 2,15) y viven ya en una transmisión de vida celestial.
    
    La enseñanza de esta decena es una exhortación a no dejarse distraer por aquello que apesadumbra, sino a abandonarse a la voluntad del Señor, que nos conduce a lo alto.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Tercer Misterio Glorioso: La venida del Espíritu Santo

    Del libro de los Hechos de los Apóstoles:
    (Hch 2, 1-4)

    «Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». 

    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del Rosario de San Juan XXIII del tercer misterio de la venida del Espíritu Santo

    Los Apóstoles en el Cenáculo, reunidos en torno a María, reciben el don último de Cristo, su espíritu, el Consolador y Abogado. Con la venida y efusión del espíritu santo, la herencia de Cristo, todavía trepidante y ansiosa, recibe el sello de la catolicidad que la dilata a todos los confines.
    
    El Espíritu Santo continua sus efusiones sobre la Iglesia todos los días; los siglos y los pueblos le pertenecen. Sus triunfo no están siempre a la vista, pero de hecho, están llenos de sorpresas y de maravillas.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de María al cielo

    Del libro de los Hechos de los Apóstoles:
    (Lc 1, 48-49)

    «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Señor ha hecho grandes obras en mí». 

    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación del Rosario de San Juan XXIII del cuarto misterio glorioso la asunción de María al cielo

    La suave imagen de María se ilumina e irradia en la suprema exaltación. ¡Qué bella escena la Dormición de María, tal como los cristianos de Oriente la contemplan!:
    
    Ella permanece distensa en el plácido sueño de la muerte y Jesús está junto a ella y tiene en su pecho, como a un niño, el alma de la Virgen para indicar el prodigio de la inmediata resurrección y glorificación. Motivo de consuelo y de confianza en los días de dolor para aquellas almas privilegiadas, que Dios prepara en silencio para los más altos triunfos.
    
    El misterio de la asunción nos familiariza con el pensamiento de nuestra muerte, en una luz de plácido abandono en el Señor, que queremos que esté cerca en nuestra agonía para recoger entre sus manos nuestra alma inmortal

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Quinto Misterio Glorioso: La coronación de María como Reina y Señora de todo lo creado

    Del libro del Apocalipsis:
    (Ap 12, 1)

    «Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza». 
    Palabra del Señor.
    Gloria a ti Señor Jesús.

    Meditación de San Juan XXIII del quinto misterio glorioso la coronación de María como Reina y Señora de cielo y tierra

    He aquí la síntesis de todo el Rosario, que cierra la gran visión que se abrió con la anunciación del ángel.
    
    Un único flujo de vida pasa a través de cada uno de los misterios y nos recuerda el plan eterno de Dios para nuestra salvación; el comienzo, en lo escondido; la conclusión, en el esplendor de los cielos.
    
    La reflexión ha de recaer sobre nosotros mismos, sobre nuestra vocación, por la que un día seremos asociados a los ángeles y a los santos y cuyas gracias santificantes anticipa ya desde esta vida, la realidad misteriosa y consoladora. Oh, que delicia; oh, que gloria.
    
    Somos conciudadanos de los santos y de la familia de Dios; edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo piedra angular el mismo Cristo Jesús (Ef 2,14-20).
    
    La intención en este misterio es orar por la perseverancia final y por la paz sobre la tierra, que abre las puertas de la eternidad bienaventurada.

    Rezar:
    1 Padre nuestro
    10 Ave María

    Jaculatorias:

    Lector: María, Madre de gracia, Madre de misericordia
    Todos: En la vida y en la muerte ampáranos gran Señora.

    Lector: Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, 
    Todos: Y lleva todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu divina misericordia, Amén.

    Para concluir el Santo Rosario se rezan las últimas cuentas del Santo Rosario como se muestra a continuación.

    Últimas cuentas del Santo Rosario meditado por San Juan XXIII

    Al finalizar el rezo de los 5 misterios del Santo Rosario, se continua orando con esta sección:

    Padre Nuestros:

    Padre nuestro que estás en el cielo, 
    santificado sea tu Nombre;
    venga a nosotros tu Reino;
    hágase tu voluntad 
    en la tierra como en el cielo.
    Danos hoy 
    nuestro pan de cada día;
    perdona nuestras ofensas,
    como también nosotros perdonamos 
    a los que nos ofenden;
    no nos dejes caer en la tentación,
    y líbranos del mal. Amén.

    Aves Marías del Santo Rosario:

    1. Dios te Salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima antes del parto en tus manos ponemos nuestra fe para que la ilumines, llena eres de gracia el Señor está contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

    2. Dios te Salve María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima en el parto, en tus manos ponemos nuestra esperanza para que la alientes, llena eres de gracia el Señor está contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

    3. Dios te Salve María Santísima, esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima después del parto, en tus manos ponemos nuestra caridad para que la inflames, nuestros dones y carismas para que los perfecciones y todas nuestras necesidades para que las remedies, llena eres de gracia el Señor está contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

    Dios te Salve, María Santísima, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen concebida sin la culpa Original

    Salve

    Dios te salve, Reina 
    y Madre de misericordia,
    vida, dulzura y esperanza nuestra;
    Dios te salve.
    A ti llamamos 
    los desterrados hijos de Eva;
    a ti suspiramos, gimiendo y llorando
    en este valle de lágrimas.
    Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
    vuelve a nosotros esos tus ojos 
    misericordiosos;
    y después de este destierro, 
    muéstranos a Jesús,

    Fruto bendito de tu vientre.
    ¡Oh, clemente, oh piadosa, 
    oh dulce Virgen María!
    Ruega por Nosotros Santa Madre de Dios,
    para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestros Salvador Jesucrito, Amén.

    Letanía Lauretana actualizada para el Santo Rosario

    Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
    Cristo, ten piedad, Cristo, ten piedad.
    Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
    Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
    Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.

    Dios, Padre celestial, Ten piedad de nosotros.
    Dios, Hijo, Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros.
    Dios, Espíritu Santo, Ten piedad de nosotros.
    Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, Ten piedad de nosotros.

    Santa María, Ruega por nosotros.
    Santa Madre de Dios, Ruega por nosotros.
    Santa Virgen de las Vírgenes, Ruega por nosotros.
    Madre de Cristo, Ruega por nosotros.
    Madre de la Iglesia, Ruega por nosotros.
    Madre de la Misericordia, Ruega por nosotros.
    Madre de la divina gracia, Ruega por nosotros.
    Madre de la Esperanza, Ruega por nosotros.
    Madre purísima, Ruega por nosotros.
    Madre castísima, Ruega por nosotros.
    Madre siempre virgen, Ruega por nosotros.
    Madre inmaculada, Ruega por nosotros.
    Madre amable, Ruega por nosotros.
    Madre admirable, Ruega por nosotros.
    Madre del buen consejo, Ruega por nosotros.
    Madre del Creador, Ruega por nosotros.
    Madre del Salvador, Ruega por nosotros.
    Madre de misericordia, Ruega por nosotros.
    Virgen prudentísima, Ruega por nosotros.
    Virgen digna de veneración, Ruega por nosotros.
    Virgen digna de alabanza, Ruega por nosotros.
    Virgen poderosa, Ruega por nosotros.
    Virgen clemente, Ruega por nosotros.
    Virgen fiel, Ruega por nosotros.
    Espejo de justicia, Ruega por nosotros.
    Trono de la sabiduría, Ruega por nosotros.
    Causa de nuestra alegría, Ruega por nosotros.
    Vaso espiritual, Ruega por nosotros.
    Vaso digno de honor, Ruega por nosotros.
    Vaso de insigne devoción, Ruega por nosotros.
    Rosa mística, Ruega por nosotros.
    Torre de David, Ruega por nosotros.
    Torre de marfil, Ruega por nosotros.
    Casa de oro, Ruega por nosotros.
    Arca de la Alianza, Ruega por nosotros.
    Puerta del cielo, Ruega por nosotros.
    Estrella de la mañana, Ruega por nosotros.
    Salud de los enfermos, Ruega por nosotros.
    Refugio de los pecadores, Ruega por nosotros.
    Consuelo de los migrantes, Ruega por nosotros.
    Consoladora de los afligidos, Ruega por nosotros.
    Auxilio de los cristianos, Ruega por nosotros.
    Reina de los Ángeles, Ruega por nosotros.
    Reina de los Patriarcas, Ruega por nosotros.
    Reina de los Profetas, Ruega por nosotros.
    Reina de los Apóstoles, Ruega por nosotros.
    Reina de los Mártires, Ruega por nosotros.
    Reina de los Confesores, Ruega por nosotros.
    Reina de las Vírgenes, Ruega por nosotros.
    Reina de todos los Santos, Ruega por nosotros.
    Reina concebida sin pecado original, Ruega por nosotros.
    Reina asunta a los Cielos, Ruega por nosotros.
    Reina del Santísimo Rosario, Ruega por nosotros.
    Reina de la familia, Ruega por nosotros.
    Reina de la paz. Ruega por nosotros.

    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos, Señor.
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Escúchanos, Señor.
    Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, Ten piedad y misericordia de Nosotros.

    Cómo terminar el Santo Rosario meditado por San Juan Pablo II

    Oración
    
    Todos: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidad. Antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen Gloriosa y Bendita.
    
    Lector: Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
    Todos: Para que se amos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
    
    Oración Final
    
    Lector: OREMOS: Señor, concede a tus hijos gozar siempre de completa salud de alma y cuerpo; y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, líbranos de las tristezas de esta vida y concédenos disfrutar de las alegrías eternas. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
    
    
    Todos juntos:
    
    En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
    
    Ave María purísima. Sin Pecado concebida.